Leé el contrato entero antes de firmar
Parece obvio, pero mucha gente firma sin leer y después reclama por algo que aceptó. El contrato es la ley entre vos y el propietario: manda por encima de lo que te dijeron de palabra. Prestá atención al plazo, al índice y la fecha de reajuste, a la penalidad por rescisión anticipada, al tipo de garantía y a quién paga cada gasto. Si algo no está claro o te prometieron algo que no figura, exigí que se escriba. Y si el contrato invoca el régimen de arrendamiento sin garantía de la LUC, entendé que eso implica plazos de desalojo más cortos. Nunca firmes lo que no entendés.
El estado real del inmueble
Antes de firmar, recorré la vivienda con calma y probá lo que puedas: canillas, presión de agua, calefón, estufas, enchufes, aberturas, cerraduras, humedades y filtraciones. Fijate el estado de pisos, paredes y artefactos. Todo lo que esté deteriorado al entrar debe quedar registrado en un inventario con fotos fechadas y, si es posible, en un acta firmada por las dos partes. Ese registro es tu escudo: sin él, al irte te pueden imputar daños que ya existían. Revisar el inmueble también te dice qué reparaciones estructurales pendientes deberías exigir que el propietario resuelva antes o durante el contrato.
Gastos comunes y servicios: quién paga qué
Dejá clarísimo por escrito quién paga los gastos comunes en un edificio, y si el monto que te dicen incluye o no reservas y gastos extraordinarios. Las mejoras estructurales del edificio suelen ser cargo del propietario, no del inquilino. Confirmá también cómo quedan UTE, OSE, gas, internet y la contribución inmobiliaria o municipal. Como regla general, los consumos que hacés vos los pagás vos, mientras que los impuestos de la propiedad y el IRPF sobre el alquiler son del propietario. Un contrato que mezcla todo sin detallar es una fuente segura de conflictos. Pedí que cada concepto quede especificado con nombre y responsable.
Plazo, reajuste y salida
Confirmá el plazo del contrato y desde cuándo podés rescindir sin penalidad, con cuánto preaviso y qué indemnización se pacta si te vas antes. Revisá el índice de reajuste que se pacta —habitualmente el IPC del INE, la Unidad Indexada (UI) o la Unidad Reajustable (UR)—, la periodicidad (por regla, anual en el aniversario) y el aviso previo del nuevo valor. Estos tres puntos definen cuánto vas a pagar en el tiempo y qué flexibilidad tenés para irte. Un preaviso muy largo o una penalidad muy alta pueden atarte a un lugar que quizás quieras dejar. Negociá estas cláusulas antes de firmar, no después: después ya no se cambian.
Garantía y depósito
Verificá qué garantía acepta el propietario (Contaduría, ANDA, seguro de fianza, garantía de propietario o depósito) y elegí la que menos te cueste según tu situación. Si dejás depósito, que el contrato diga cuánto es, en qué concepto y bajo qué condiciones se devuelve. Chequeá que el propietario o su representante estén habilitados para alquilar el inmueble y que no haya un tercero con derechos sobre la propiedad. Confirmá también con quién firmás: si es una inmobiliaria, quién administra y a quién le pagás. Estos detalles evitan sorpresas y te aseguran que estás firmando con quien corresponde.
Información general, no asesoramiento
Esta guía es un checklist orientativo; cada contrato es distinto y conviene revisarlo con cabeza fría. No sustituye el consejo de un profesional. Si el alquiler es de monto importante, si el contrato tiene cláusulas que no entendés o si te ofrecen el régimen sin garantía de la LUC, consultá con un escribano o abogado antes de firmar: es una inversión chica frente a un problema grande. Guardá copia firmada del contrato, del inventario de entrada y de todos los recibos desde el primer día.